domingo, 18 de febrero de 2007

HARKAITZ CANO











Mencionado por:
Karmelo C. Iribarren
Pepe Ramos
Carlos Pardo
Izaskun Gracia
Iván Repila
Antonio Aguilar
Joaquín Juan Penalva
Pello Otxoteko
Hasier Larretxea
Aitor Francos
Emilio Varela Froján

Menciona a:
Benjamín Prado
Itziar Mínguez
Roger Wolfe
Karmelo C. Iribarren
Sebastià Alzamora
Miren Agur Meabe
Rikardo Arregi Díaz de Heredia
Joseba Sarrionandia
Carlos Pardo
Abraham Gragera
Luis Melgarejo





Bio-bibliografía

Harkaitz Cano nació en San Sebastián en 1975. En 2006 recibió el Premio de la Crítica al mejor libro de prosa escrito en euskara por Neguko zirkua. En 2004 publicó una antología poética bilingüe: Interpretación de los temblores. En castellano también pueden leerse sus novelas El filo de la hierba y Jazz y Alaska en la misma frase y un libro de crónicas neoyorquinas muy personal: El puente desafinado.





Poética

Escribes tres o cuatro poemas que darán la medida
de lo que será algún día un libro de poemas.

Los relees y los sopesas. Los destruyes porque no dan la talla
de ninguno de los poetas que admiras.

Te dedicas a otras cosas.
Vivir. Pensar. Ver qué pasa.

Qué va a pasar.

Pasará que jamás volverás a escribir un poema.

Pero el oficio, ya lo tienes.





Poemas



LA POESÍA ES FICCIÓN (Y UN CUERNO)

No me considero una persona demasiado atormentada.
Pero a veces la resignación se apodera de mí.
Qué le vamos a hacer, todo cambia.
Un antiguo compañero de clase está a punto de casarse
con una chica del opus dei;
otro lleva más de nueve meses en la mar
pescando ilegalmente;
nueve meses, todo un embarazo,
quizás se haya hecho persona en el vientre de la mar
ya que no lo hizo en el de su madre.
A veces una tremenda resignación se apodera de mí
porque cuando tu soledad choca con la mía
me hace daño.
Este sentimiento se parece, cómo decirlo,
a descubrir que cuando cumplimos veintiún años
las chicas que tenían nueve cuando nosotros teníamos trece
tienen ahora diecisiete.
Descubrir al final de una noche, violenta y repentinamente,
que ese amanecer culpable y aquellos tiernos pechos
que nunca osamos imaginar que llegaran a serlo
ya no serán nuestros.
No sé si se entiende dicho así.
Que nos damos cuenta de esto y de aquello,
que hemos apurado ya todos los vasos de nuestra ingenuidad.
Que perdemos la mayor felicidad por el más mínimo error:
por eso, los errores diminutos son los más dolorosos.
Los grandes errores, no tanto.
Podemos acurrucarnos y vivir dentro de ellos,
o dar vueltas alrededor.
¿Qué hacer, sin embargo,
con un error que no es sino el ala de un insecto?
La risa es la única terapia
para ciertos asuntos que nos preocuparon.
Pero ni siquiera eso es suficiente.
Como tampoco lo es cubrir espejos con sábanas
para ser invisibles. Sobre todo, eso.
Y que todo lo que perdemos en la vida,
lo hemos perdido por no ejecutar a tiempo,
hace ya mucho, un adagio, un saludo
o un gesto
de complicidad.

De: Interpretación de los temblores, (Atenea, 2004)







BASQUIAT


Yo soy Jean Michel Basquiat:
artista negro que las pasó moradas
marginado por blancos y mulatos;
soy el que metía el dedo en el ojo
del gusto establecido
y lo sacaba del culo de cantantes rubia platino.
Soy el que pintaba sobre las puertas y las cortinas de su casa,
aquél a quien sus amigos robaron el frigorífico cuando murió
porque pintado en él había un dibujo que podía malvenderse
por cuatro duros.

Yo soy Jean Michel Basquiat.

Tomaba café sobre mis lienzos, comía sobre ellos,
me enfurecía, reconciliaba, desesperaba, revolcaba
y dormía sobre ellos cuando me dejaban.
Soy aquél que utilizaba sus cuadros como agenda
y apuntaba en los lienzos los teléfonos de mis novias
hasta que me enfadaba con ellas, y entonces los tachaba;
porque la mejor forma de resaltar las cosas
y de que la gente haga caso y repare en ellas
es borrarlas;
borrar todo lo que uno pinta
es la manera, el único camino.

Yo soy Basquiat.

Boxeé con Warhol y lo vencí en tres asaltos.
Soy yo. Yo soy Basquiat.
Hice el amor con todas las progres chic
del downtown neoyorquino.
Basquiat, el que vendía al mismo precio cuadros
que me llevaban dos semanas o diez segundos de trabajo.
Porque en ese temblor de muñeca de diez segundos
–esgrima y pincel–
se condensaba mi vida entera.


Yo soy Basquiat
niño problemático
joven de pelo rasta que aspiraba a exprimir la vida
para dejar un cadáver como para follárselo
y olvidó que todo cítrico tiene dos mitades.
Yo soy Basquiat:
ingenuo
absorbido por el mercado
inaguantable
seductor
profundo
superficial
natural
artificial
todo lo que tú quieras, ahora que estoy muerto.
Ése soy yo, ése que cuando no tenía dinero
o su camello le fallaba
dormitaba en Washington Square.

El que pintaba con dos tocadiscos y dos televisores encendidos
con el volumen a tope,
ladrón
villano
coronado rey
madre y abuela del fracaso
hijo del éxito,
aquel que en el fondo de los ojos
tenía aún la tristeza latente de un niño amordazado.
Y, cómo no, aquel que murió de sobredosis con veintisiete años,
el que quiere sacar su brazo de debajo de la tierra
para borrar de un último brochazo su lápida
incapaz de apuntar o tachar
un último número de teléfono,
aquel que yace
en este nicho de Brooklyn
y en cada uno de sus
cuadros.

Yo soy Basquiat.

De: Interpretación de los temblores, (Atenea, 2004)





ALEMANIA AÑO CERO


Al volver del colegio traía en la cartera
trozos de carbón desprendidos de los carruajes.
Su familia los recibía cual oro en paño.
Pero las cosas se torcieron, padre murió,
la conciencia del niño dejó de medirse
en la escala de la picaresca.
El niño, antes de saltar al vacío,
observó su casa desde otra casa,
su ruina desde otra ruina;
su esqueleto desde otro esqueleto.
Vio las ventanas, tapiadas por maderos en cruz.
Ningún tesoro para un infante allí
tras los postigos carcomidos.

E la nave va. Y el niño, salta.

Rebobinamos la última secuencia una y otra vez,
resucitando al niño y desafiando a la gravedad,
cerciorándonos de los trucos de montaje:
nos aseguramos así de que Rossellini
dejó con vida al niño actor, al menos.

Abrimos la ventana, para ventilar.

Inédito

3 comentarios:

Cucaracha homicida dijo...

Suena "It's all over now, baby blue" entre los aplausos.

Me quito el sombrero

Gari.

Awixumayita dijo...

No sabía que arkatitz se escribía con hache. :)

Pablo Esteve dijo...

Como siempre harkaitz. Recuerdo un poema sobre tu estancia en Estados Unidos sobre esa espera del buzón y eso era la patria...un saludo donostiarra en madrid