domingo, 18 de marzo de 2012

ALBERTO GARCÍA-TERESA




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Bio-bibliografía


Alberto García-Teresa (Madrid, 1980) es doctor en Filología Hispánica con Poesía de la conciencia crítica (1987-2011) (Tierradenadie, 2013), y ha publicado también Para no ceder a la hipnosis. Crítica y revelación en la poesía de Jorge Riechmann (UNED, 2014) y Disidentes. Antología de poetas críticos españoles (1990-2014) (La Oveja Roja, 2015). Ha sido coordinador de la revista de crítica sobre ficción especulativa Hélice, codirector de Jabberwock, antología anual de ensayos sobre literatura fantástica, y redactor jefe de la revista Solaris. Ha escrito y escribe crítica literaria y teatral en diferentes medios: Diagonal –en el que coordinó la sección de «Libros»–, Culturamas –donde dirigió los contenidos de poesía–, Ínsula, Quimera, Espéculo, Castilla. Estudios de literatura, Verba Hispanica, Adarve, Literaturas.com, Nayagua, Zurgai, Artes Hoy, El Viejo Topo, Viento Sur, cnt, Rebelión, La República Cultural, Ariadna-RC, Bibliópolis, Gigamesh o Prospectiva, entre otros. Ha organizado ciclos de recitales y acciones poéticas en distintos espacios.
Es autor de los poemarios Hay que comerse el mundo a dentelladas (Baile del Sol, 2008), Oxígeno en lata (Baile del Sol, 2010), Peripecias de la Brigada Poética en el reino de los autómatas (Umbrales, 2012) y Abrazando vértebras (Baile del Sol, 2013), así como de la plaqueta Las increíbles y suburbanas aventuras de la Brigada Poética (Umbrales, 2008). También ha publicado el libro de microrrelatos Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos (Amargord, 2013). Sus poemas han sido traducidos al inglés, al francés, al serbio, al rumano, al alemán y al macedonio.




Poética

Considero que la poesía consiste básicamente en mirada y respiración, y a eso precisamente nos puede enseñar: a mirar de una manera desveladora, penetrante, detenida, que atraviese la superficie y la apariencia de las cosas y de los hechos en una sociedad donde se nos quiere hacer creer que vivimos en un escaparate. A ganar en atención, cualidad indispensable para adquirir sentido crítico en una realidad donde impera, alentada por el Poder, la construcción de ficciones, lo espectacular y lo inconexo.
De igual manera, pienso que la poesía nos obliga a respirar de otra forma, de manera más pausada, más consciente de sí misma y también de nosotros mismos como sujetos. Con ello podemos escapar de las dinámicas de la velocidad impetuosa que nos marca el capitalismo, que considera obsoleto todo lo que no es inmediato y  que no deja espacios para la reflexión, para ejercitar ese citado pensamiento crítico que pudiera revelar el horror y la deshumanización que genera el sistema.
Al mismo tiempo, creo que lo peor que puede hacer un poema es dejar al lector en el mismo sitio en el cual estaba antes de entrar en el texto; que tras salir de él vea que su mundo permanece intacto. En ese sentido, como lector, busco una poesía que me revuelva y que me conmueva, que me ayude a salir de mí y encontrarme en y con lo Otro y las otras personas, que pueda servirme de lanzadera o punto de partida en una indagación filosófica, sociológica, política y ética de la realidad para poder crecer, ser mejor persona y transformar la sociedad actual en una justa y digna para todo lo vivo. En esencia, que me ayude a caminar. Como muy bien indica Jorge Riechmann, «creo en una poesía que acompañe al ser humano; y ésa es la poesía que yo necesito».


Poemas


TANTOS construyendo cerrojos
y tan pocos buscando llaves

(De Abrazando vértebras, 2013)


UN ECONOMISTA

Un economista no sabe qué hacer con un arco iris.
No entiende el aleteo de una abeja,
por qué trinan escandalosamente las gaviotas,
qué guarda una camada en su madriguera.
Se inquieta ante un caracol que,
sobre una brizna empapada de rocío,
indiferente se despereza.
Ante el murmullo chispeante de un río,
ante un eclipse inundado de estrellas,
ante tu sonrisa o una mano abierta,
agita desconcertado su cabeza.
Un economista no escucha la memoria
ni atiende al compás de los latidos.
No sabe buscar tanteando en silencio la belleza
en toda palpitación dichosamente tendida
a la luz, al viento, a la alegría.

Un economista aún busca con vehemencia
con qué moneda comprar la vida.

(De Oxígeno en lata, 2010)


HAY QUE COMERSE EL MUNDO A DENTELLADAS

Hay que comerse el mundo a dentelladas.

Hay que sacar los dientes, pulirlos,
clavarlos con ahínco y rabia.

Hay que comerse la vida a dentelladas;

con mordiscos secos, intensos,
de puro y reluciente hueso.
Con bocados de corazón hambriento.

Hay que defender el mundo a dentelladas.

Hay que danzar entre rechinar de espadas;
de espadas a pecho descubierto.
Hay que vivir en permanente guardia,
defendiendo la vida cuerpo a cuerpo,
defendiendo la vida cara a cara.

Hay que descubrir el mundo a dentelladas.

Hay que desenterrar estrellas de la arena,
hay que dibujar trazos de arco iris con los dedos
machacados por la rutina, el trabajo y el tedio.
Hay que apartar niebla de las cabezas
con gritos de silencio y de conciencia.

Hay que sumergirse en el mundo a dentelladas.

Hay que escurrirse de las sombras sonoramente,
con estruendo de ideas y palabras.
Hay que escurrirse sonoramente
con redobles de actos y pasiones,
con puños de carcajadas.

Hay que atacar la vida a dentelladas;

caminar en la penumbra precaria,
caminar frente al poder y las pirañas.
No ceder terreno nunca al terror y la ignorancia.
Levantar la vista ácida hacia el mañana.

Hay que acariciar la vida a dentelladas;

arrebatarles el tiempo robado cada jornada,
esparcir abrazos entre timbres y pagas,
regalar ternura y devolver pedradas.

Hay que comerse el mundo a dentelladas.

Hay que comerse el mundo a dentelladas.



(De Hay que comerse el mundo a dentelladas, 2008)

2 comentarios:

jorge sanz dijo...

Desde luego que hay que comerse el mundo a dentelladas y si es con poesía, mejor. Genial.

juan bello dijo...

La brevedad y la intensidad del primer poema. Me quedo con eso. Abrazo.