jueves, 24 de mayo de 2012

RAÚL SÁNCHEZ




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Biografía

(Valencia, 1978 …)

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Poética

Soneto doble con estrambote para el perrito Toby

Tendría siete años como mucho
(y ya infectado de literatura:
incluso de antes hay algún poema
horrible y desbordadas redacciones

que siempre se excedían de los límites
-acababan en cuento fantasioso-
que al resto establecía el profesor
-a mí me daba siempre rienda suelta-)

cuando de mi libreta vino al mundo
a sufrir y a gemir como yo mismo
mi pobre y desgraciado perro Toby:

el único animal de compañía
que tuve de pequeño -no descarto
que supliera carencias ya escribiendo.

Un día el profesor con gesto triste
se me acercó al pupitre y fue conciso:
No escribas más historias del perrito
Toby porque te pueden hacer daño.


Quizá don José Luis no comprendiera
que Toby estaba vivo y me importaba
más que mis compañeros o que él mismo:
por eso en mis relatos se salvaba

(el caso es que al final morían siempre
los amos que tenía y todo cristo
en un ensangrentado desenlace).

Así que tuve que sacrificarlo
en un cuento final -tal como dicen
los taurinos que el ruedo endiosa al toro-.

Desde entonces escribo a su memoria.




Poemas

Trato

Amor -huésped molesto- ¿a qué has venido?
¿Qué trato es el que esperas se te ofrezca
allí donde tan solo has abusado
de la hospitalidad que te brindaban?

¿Qué buscas embargar en esta casa?
¿Qué vienes a cobrar que se te deba
a una familia en ruinas, desahuciada,
que nunca te aceptó lo que prestaste?

¿No ves que puse ya la otra mejilla
no sé ni cuántas veces -sin cansarte-
por ver si recibía una caricia?

Lárgate, por favor, no me atosigues.
¿No tienes otro en quien cebar tu saña?
Hagamos ya las paces: tú me ignoras

y yo vivo sin ti si es que esto es vida.
                                                           

La nana de los párpados candados

Te agarras fuerte a mi como cayéndote
para abocarte (fuente que va al cántaro
-me encanta cuando finges ser la frágil-)
vertiéndome susurros al oído.

Que no puedes dormir y que te cante
la nana de los párpados candados,
canción de cuna en campo de batalla
que ampara a los soldados que la portan.

Me afirmas que aun adulta tienes miedo
al coco de las noches sin mis besos,
al lobo aullando cantos de sirena.

Empiezo a musitar lo que me pides:
'Para que si te sueltas de mi mano
puedas volar, mi niña, duerme ahora...'



Así

Preguntas manteniendo la mirada
-un gesto de nobleza que te honra-,
ahora que lo sé, cómo me siento.
Y qué voy a decirte que no sepas.

Tener a estas alturas la certeza
de que ha ocurrido lo que sospechaba
es encontrar la pieza que le falta
al puzzle que has echado a la basura:

yo el hilo suelto en la uña de un felino
que acaba por tirar, deshilvanando
los últimos pespuntes de un harapo,

tú el soplo con que apagan una vela
que exhibe exiguas fuerzas de flaqueza
a punto como está de consumirse.

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