sábado, 28 de abril de 2012

RUBÉN DARÍO FERNÁNDEZ




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Bio-bibliografía

Rubén Darío Fernández (Madrid, 1978) Soy Doctor en Neurociencias y cuando el tiempo lo permite, dejo libre mi vena literaria. En cuanto a lo relacionado con literatura, he publicado la novela Puzzle -Alma ha muerto-, los relatos cortos Locura luz en la antología "Tic, tac, cuentos y poemas contra el tiempo" y Prueba de saliva en la Revista Cáñamo. También expuse el cuento 33 en el Real Círculo Artístico de Barcelona. Dirijo la revista de literatura y otras artes Revista Excodra (http://www.excodra.com) y organizo las Jams de Poesía Embriáguense en la Asociación Cultural Castells de la Muntanya.


Poética

La poesía es una arma cargada futuro de Gabriel Celaya, recitada por Joan Manuel Serrat con Paco Ibáñez a la guitarra. Así es como siento la poesía. Venga ¡a googlear!



Poemas

1

A veces dudo
de si siempre estamos en un continuo andar
o si siempre somos continuo estanque,
es decir, no hay movimiento alguno, siempre es hoy.
No hay manera de buscar algo porque siempre estamos
y sólo estamos
en un mismo momento que siempre es diferente
y aunque lo queramos cambiar
o lo queramos mantener igual, es imposible,
el hecho de haber realizado un movimiento
o tenido un pensamiento
ya cambia el instante de antes y me veo inmerso en otro momento
que va a volver a cambiar,
y no a mi antojo
y una mosca se cruzó y ya nada es igual que antes y el antes ya es un recuerdo.
Sigo masturbándome a contra pelo
como buen marinero del falso infierno:
Las caricias son de piedra cuando las da un ser odiado,
lo mismo que una aguja clavada entre los huevos.
Pongamos los puntos sobre las ies,
las cabezas cortadas sobre las esbeltas lanzas doradas de la victoria
y los besos sobre las bocas.
Las horas no pasan en balde,
pasan a fuego quemando las hiedras del tiempo
que jamás volverá.
Jamás volveré a los rincones donde el dolor fue eterno.
No hay nada de que enterarse,
cierra los ojos y sueña y vuela
adonde nunca estuviste y siempre deseaste estar,
igual amaneces allí, sin penas.
El diario de un onanista
se escribe como un orgasmo entrecortado:
en pequeños pedazos
de suspiros negros:
Al abrir la puerta de atrás de los sueños
se extendió ante mí una pesadilla de tamañas dimensiones.
Cerré la puerta.
Y qué raro saben los segundos
bebidos en el infierno de una cama sola.
Nunca estaré solo mientras yo exista y
la barba me acompañe
en el recorrido del amor a estar vivo.
Es lo único que a fin de mes nos queda: pelos por afeitar,
camas vacías que llenar de ti,
tinieblas soleadas, ceniceros llenos de pensamientos
y bolsillos vacíos.
En el muelle me espera el barco de la derrota, el barco de la boca rota,
o la cuchilla de afeitar segundos.
Rasurando el tiempo uno se queda desnudo y lo único que me hace bien
es follarte y amarte.
Se trata de sentir sin interpretar,
de pajearse sin cesar, no hay línea argumental,
sólo versos como manos haciendo un buen trabajo de,
de relax.
Lo grande, lo más grande cabe en lo más pequeño,
dicen,
no sé si será un comentario sexual
o tal vez lo inmenso de lo diminuto nos eleve por el ojo del alfiler hasta el del
huracán
y veamos el mundo en su esplendor, desde el cielo,
apagándose.
Veremos que
hay a quien le golpearon la cabeza contra la pared
en el silencio del odio a sí mismo
y a quien le besaron en una noche que se moría de miedo,
tanto da,
nada
prevalece.
Todo cae en el olvido,
agoniza y
finalmente,
fin.


2

Saura ha gritado con sus pinceles, Saura ha meado en la papelera y la papelera gritó nauseabunda, y gritó con arcos cáusticos de flechas de mil grises que mi lengua versó así, porque yo, ¡también grité!:

¡A mi puta, a mi puta loca! a la más guarra de entre todas las mujeres que por corazón tiene una colmena, un laberinto o una piedra negra, caliente, triste y desolada. Mi loca. Mi puta. ¡Mi guarra! La más jodida guarra de entre todas las mujeres que por cabeza tiene una selva monstruosa, una duda existencial, una pena de vivir sin puerto fijo. Mi puta. Mi guarra. Mi loca que es marinera y a cada nueva ciudad llega más perdida y con más pena. Mi eterna ¡la más guarra! que por mirada tiene cristales rotos de una infancia de pura mierda. Mi niña solitaria, mi puta triste y rota. Mi amada. Mi loca tan perdida que por coño tiene lava y su lengua es una llama que me deja sin pasado y sin razón. Mi tremenda guarra y loca, y triste, y sola que por alma tiene una muerte en vida anunciada y una existencia tan quebrada que las cenizas de sus cenizas, aún arden donde ya nada vale nada en el fondo del olvido. A mi puta, a mi puta loca, a la más guarra de entre todas las mujeres que le entregué mi vida y mi más negra y ancha alma, para que con ella hiciera, lo que a ella le diera, la puta gana. Guarra. ¡Más qué guarra! Brindemos por el miedo que le tengo a volver a verme solo tras perder a un ser querido. ¡Alza la copa! ¡Salud, compañeros de la sombra! ¡Salud!


3

Se podría en un poema resumir todas las almas
Conquistar en veinte frases los silencios más rotundos
Alejar en conjugados y por siempre los fantasmas
Si pudiera...
Con la fuerza de conceptos, abstracciones y monemas
Embeber cada serena, tierna y dulce...
Embeber cada recuerdo de armonía con olores
Rebasar lo más concreto y darle forma a la tristeza
Si pudiera no podría con mis dedos darle forma
Se podría en un poema resumir todas las vidas
Conquistar en veinte frases los rincones más profundos
Alejar en alejandros concentrando los minutos
Si pudiera...
A las horas devolverle ya por siempre toda historia
A las horas devolverle ya por siempre la memoria
A las horas devolverle ya por siempre un casi nunca
Si pudiera no podría con mis venas darle vida
Al torrente que me acecha de visiones que se ocultan
A los ojos de los gatos que en las noches se desvirgan
Treintaitrés son las maneras de morir de un alquimista
Se podría mas no puedo intentar un imposible
Que se aleja en cada verso acelerando los azules
Se podría en un poema resumir todas las almas
Si éstas fueran a mis ojos de verdad tan cristalinas
¡Mas no, a mis ojos, no lo son! ¡Son misterio y melodía!
¿O es que acaso yo podría en veinte versos
Resumir toda una vida?
Mas no me llegan quinientos
Donde poder expresar
Lo que aquel día sentía
Cuando morir te morías.

domingo, 15 de abril de 2012

NATALIA CARBAJOSA




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Jeannine Alcaraz
Gracia Iglesias
Benito Estrella
Luciano Feria


Bio-bibliografía

Natalia Carbajosa (El Puerto de Santa María, 1971). Estudié Filología Inglesa en Salamanca, donde me doctoré con una tesis sobre la comedia de Shakespeare en 1999. En aquellos años de estudiante fui cofundadora, junto con otros compañeros, de la revista literaria Parásito. En la actualidad trabajo como profesora de inglés en la Universidad Politécnica de Cartagena y realizo investigación sobre poesía anglo-norteamericana.
Soy autora, entre otros, de los libros de poemas Pronóstico (2005), Los reinos y las horas (2006), Desde una estrella enana/Biografía elemental (2009) y Tu suerte está en Ispahán (2012), así como el libro de relatos Patologías (2006) y el ensayo Shakespeare y el lenguaje de la comedia (2009). Como traductora de poetas, he publicado Trilogía, de Hilda Doolittle (2008), y tengo en proceso de publicación una antología del poeta norteamericano Scott Hightower y las memorias de la escritora inglesa Kathleen Raine (en colaboración con Adolfo Gómez Tomé). Colaboro habitualmente con revistas como El coloquio de los perros, Nube habitada  o Los cuadernos del matemático, y he participado en festivales de poesía como Ardentísima (Murcia), PAN (Morille, Salamanca), Mucho Más Mayo (Cartagena) y el London Poetry Festival. Preparo, además, colaboraciones literarias para la revista digital Jotdown. Desde tiempos recientes, también actúo como cuentacuentos en inglés y español en colegios y librerías dentro del colectivo Dreams & Tales, realizo recitales sobre poesía y astronomía en colaboración con el astrónomo Juan Ortega, y preparo un recital-concierto con el músico Antonio Arias (Lagartija Nick).



Poética

Mi poesía se caracteriza –como la de casi todos los poetas, por otra parte– por un afán de conocimiento, de penetrar en el  misterio de la vida, perseguido desde múltiples circunstancias: la realidad cotidiana, la vida en pareja, la maternidad, la ciencia, la música, los viajes, el dolor y la felicidad, la infancia, la memoria, el desacomodo ante el mundo, las relaciones familiares o, en mi poemario más reciente, el universo de los cuentos. Desde estos escenarios, y utilizando la ironía para no caer en una innecesaria solemnidad, intento acceder a esos estadios de la revelación humana que sólo la palabra poética puede atisbar. Me asomo a ellos de un modo parecido a como los describe la poeta portuguesa Sophia de Mello con su expresión “entrar en un estado de escritura”: durante un tiempo percibo eso que no se puede describir, que nos conecta a un tiempo con las cosas de aquí y las que no están a nuestro alcance, e intento darle forma. Cuando traduzco poesía también me siento así, del lado más ininteligible de las palabras, a las que accedo por boca de otros. Además, la traducción es un ejercicio espléndido de disciplina lingüística para un poeta.
Desde niña me sentí atraída por la poesía y, aunque entonces no supiera formularlo así, entendí muy pronto su naturaleza de conjuro o encantamiento, su capacidad para darle la vuelta al mundo real o para crear otro más rico, capaz de transportar a cualquiera a lugares soñados. Todavía algún resorte olvidado se activa dentro de mí cuando recuerdo que alguien cercano me recitaba, en mi infancia, el antiguo “Romance de la condesita”: “Grandes guerras se publican / por la tierra y por el mar…” Por eso, hasta hoy, siempre hago mucho hincapié en la oralidad de la poesía y participo en recitales individuales o colectivos, con música y dramatización, así como en actividades para niños, cada vez que se presenta la ocasión. Creo que el ritmo es la espina dorsal de la poesía y que éste nos remite no sólo a la literatura, sino también a la música, al teatro y a la experiencia oral, popular y comunal que el género conlleva, y cuya naturaleza se reinventa continuamente –por ejemplo en derivaciones como el arte del trovo, el Spoken Word, la “perfopoesía” o la canción de autor, que no es sino una versión contemporánea del mester de juglaría–.
También mi interés por los idiomas –aparte del inglés, estudié latín y griego, francés, alemán y un poco de ruso–, tiene que ver con la pasión por la palabra y su peculiar fraseo dentro de la poesía. Me gusta leer poesía en otros idiomas –sobre todo en inglés: Shakespeare, los románticos y los modernistas son mis principales maestros– o, cuando menos, en ediciones bilingües, porque la extrañeza que de por sí ofrece la palabra poética aumenta su resonancia en la lengua de otros. Es como leer las palabras vueltas del revés en un espejo: un ejercicio que nos dice cosas de nosotros que no podríamos entender de otra manera, y que acaso nunca lleguemos a entender del todo. A veces esto me sucede no sólo con poetas que escriben en otras lenguas, sino con poetas españoles o sudamericanos que manejan el lenguaje como si acabara de inventarse, como pueda ser el caso extremo de César Vallejo, pero también el de otros muchos –Rubén Darío, Ernesto Cardenal, Juan Gelman, Gioconda Belli…– .


POEMAS de Tu suerte está en Ispahán, 2012

PRÓLOGO



Mi ventana es el eje de mi visión, la única luz verdadera sobre el mundo.
Antonio Llorente




Todo el viaje de la vida cabe en los confines imprevistos de una habitación,

una habitación a la que mesa, ventana y unos pocos libros bastan,

ventana abierta a la cadencia mustia de un patio de luces al bullicio airoso de la calle en día de mercado

a la monotonía del mar,

tanto da mientras sea ventana,
ojo que ve

mientras la vida estalla postigos adentro en ese útero contiguo a tantos otros,

al del pájaro de la infancia el lecho vacío o bien colmado la cocina con su eterna fragancia de café recién hecho,

todo el aliento de la vida cabe en los pulmones de quien ahí dentro se afana
se consume

llora o ríe entre la escasa,
la anchurosa compañía de sus libros

-los que han llegado a ser suyos-

y la pobre compañía de sí mismo, náufrago o fugado sin billete y sin destino que,
no obstante,

tanto sabe de trenes a deshora,
de estaciones desangeladas,

esto es,
sin rastro de los ángeles que otrora las poblaron,

y así, sin más equipaje que un poema
y la soledad teñida por la humedad de la noche

-el relente de un rosario de noches-

pero con el impulso intacto del insomnio y la promesa de la luz

que, más tarde, tenue o ardorosa,
entrará por su ventana perennemente abierta,

emprende el mismo rumbo cada madrugada,
                                                                                 
vuelve, como es costumbre,
su corazón itinerante a revolver,
con áureas alas,

el polvo ajado, roto,
                           pero aún vivo,
vivo, vivo,

            del camino que traza la vida
del camino que traza la pluma en su

viaje de confines imprevistos.



X



Saciado en el hambre de una historia,
una palabra,
un lugar,

saciado en el cénit de su soledad,
su intemperie,
 azotado por el gozo de la arena que baila en pos del viento,
                                                                                 
el viajero medita satisfecho,
 sí.
Pero,
                                                                                 
¿Y la sed?


XV



Saboreada la lluvia, aspirado su olor a tierra, podemos volver a soñar palabras.

Las palabras son monedas de oro que salen de la boca en la clarividencia del sueño.

Vomitamos palabras porque nos hacen ricos: las palabras urden cuentos,

los cuentos nos llevan en volandas, plenos de riqueza y
de felicidad,
al umbral exquisito y profuso

de la muerte.

Somos los mercaderes más afamados, nuestras delicadas telas las más preciadas en todo el Oriente.

Cuando lleguemos a Ispahán, se las ofreceremos todas a ella, las extenderemos con sumo esmero a sus pies. Ella sonreirá, asentirá y observará sorprendida:
                                                                                  “¡Tan largo camino para tantas palabras!

domingo, 8 de abril de 2012

MARÍA SOLÍS MUNUERA




Mencionada por:
Berta García Faet
Chantal Maillard
H-elena Rodríguez
Isla Correyero
Leopoldo María Panero
Jesús Urceloy
Juan Hospital
Juan Carlos Suñén
Julieta Valero
Manuel Yagüe
Mar Benegas
Margarita Mayordomo
María José Cortés
Marta Agudo
Marta Sanz
Rodrigo Cueto



Bio-bibliografía

María Solís Munuera (Madrid, 1976)
Tras licenciarse en Bellas Artes en la UCM y en Economía en la UNED, realizó un Máster en Traducción en la UAM. Ha trabajado como traductora, fotógrafa y redactora. Colabora en la sección literaria de Culturamas, donde realiza reseñas y entrevistas. Ha publicado la plaquette “Hordas” (Barco de Ideas, 2011) y sus poemas se han incluido en revistas (Cuadernos del Matemático, La Bolsa de Pipas), medios digitales (Ariadna-RC) y en antologías como “Manos a la obra” (Fuentetaja, 2010), “Manos a la obra, dos” (Fuentetaja, 2011) e “In Absentia” (Nanoediciones, 2011). Actualmente participa en recitales de poesía en Madrid y termina su primer poemario.



Poemas


Saliva (o tradición)

una madre ha cambiado su leche por saliva
glándulas salivales, la tradición mamífera
la limpieza genética de las amas de casa es la saliva
es la lengua materna, traspasada
- la madre, amor, higiene, catatonia-

la saliva
en el pañuelo de la mujer decente
espera bajo el puño
junto a la calentura oculta de la vena
restriega
pantalones, las piernas
las caras de los niños, salivadas
con la nariz mojada, para siempre
pegados al olor de la saliva

es pura deglución:
no hay alimento
una vida
34.000 litros de saliva
también el que ha creído en la libertad de los recreos
y se llena con tierra los bolsillos
y con ella penetra en el colegio,
en su desinfección

domingo, el paseo:
salivación del padre bien vestido
saliva a sus zapatos, traídos hacia el rostro
como guantes
agarra las muñecas y escupe entre los pasos

la madre buena llora
los gritos del nacimiento de los dientes
la madre buena premia
la saliva gustosa de la parapléjica sonrisa

formol, placenta, sopa

hay un pueblo repleto de saliva,
feliz


Hordas, 2011



El espíritu de empresa de los ácaros (o Karoshi*)

"El trabajo te salvará la vida",
dicen el padre, el médico, el amigo.
Le estamos preparando un gran desfile.
Nuestro edificio enfermo será el héroe.

La importancia económica del ácaro
es el gramo de piel perdido al día
por un humano adulto, amor de araña
que copula en el polvo y la moqueta.

Acolchonado interno, dermatófago,
el espíritu de equipo de los hombres
que levantan el féretro -o el Cristo:
ese rictus de silla giratoria.
Con su amianto presiona la vagina
la secretaria: así no nace nadie
y los fetos maduran, se convierten,
envejecen y mueren en el útero.
Ya no pueden abrirse las ventanas,
el aire respirado se recicla.
Libertad de vapores ergonómicos.

Antes hubo espíritus no estancos,
que dejaban impresa en las paredes
la humedad japonesa de la sangre,
la honorabilidad de la carótida
sesgada, los tres cortes del vientre.
Nunca morir de espaldas, nunca
sin atarse previamente las rodillas.

Son los emplastecidos por el blanco
industrial, ácaro del terciopelo
y de la sarna. Y qué hacer, si le dan
pistolines a un grupo de soldados
que no quieren morir. Correctamente.
Los ácaros son seres responsables.
Los soldados son seres responsables.
Matan, se reproducen y sonríen
como crecen las uñas de los muertos.





 Souvenir (o el placer de viajar)

Vivir habría querido cerca de una giganta.
Charles Baudelaire

I

El resultado es una librería de salón adornada con cuerpos
para cada familia.
Una evaluación de madurez.
Estuve allí
- o mis hijos viajaron-.

Ante la prohibición del zoológico humano
en los alrededores de París,
envuelvo con papel de burbujas al testigo.
En casa lo desnudo.

                                          
II

En casa la desnudo.
La alumbro.
La he traído,
a ella porque sabe
(estaba lejos)
que ningún barco ha desaparecido.
No son navegables los océanos.

Ella conoce
dónde esperar a Dios
según el procedimiento de los monstruos.
Y ríe.
Lo más cerca posible de la Antártida.

Tras escupir al barro,
sexualizó la nieve.
Del hielo
hizo una genealogía.
Construyó una giganta.


III

Religiosamente
volveremos por más,
cada vez más distantes,
hasta caernos, planos, de la Tierra.

Ella, giganta,
dentro de mi vitrina,
mantiene la ventaja del papel de grabado,
de un solo de tiempo,
y del espacio, sus aberraciones optimistas.

La contemplo el domingo,
cuando acaban los turnos y los dioses
descansan
y rompen su reflejo.