miércoles, 18 de septiembre de 2013

ADA SORIANO



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Antonio Enrique
José Luis Zerón


Bio-bibliografía

Ada Soriano: Orihuela, diciembre de 1963. Codirectora de la revista de creación “Empireuma”.
Premio Nacional de Poesía “Montesinos 2000” (1995).
He participado en algunas antologías como “Narradoras españolas de hoy” (Université de Perpignan, 1988).
Libros publicados: Anúteba (Ed. Autor, Orihuela 1987); Luna esplendente o sol que no se oculta (Ed. Empireuma, Orihuela 1993); Como abrir una puerta que da al mar (Biblioteca pública Fernando de Loazes, Generalitat Valenciana, Orihuela 2000); Poemas de amor (Fundación Cultural Miguel Hernández, Orihuela 2010); Principio y fin de la soledad (Cátedra Arzobispo de Loazes, Universidad de Alicante, 2011).
He publicado reseñas, cuentos, artículos y poemas en revistas nacionales y extranjeras. He versificado “El sabio desnudo”, colección de dibujos del pintor José Aledo Sarabia. (Ed. Digital de Ediciones Empireuma).
“Luna esplendente o sol que no se oculta” fue traducido al inglés en 1994 por el hispanista Geoffrey Holliday. Algunos poemas han sido traducidos al valenciano y, otros, al rumano por Elena Liliana Popescu.




Hacia una poética en curso

 Los poetas persistimos, permanecemos en el tiempo y lo hacemos perdurable ya que somos descendientes de los poetas que nos anteceden. Somos una sucesión; eslabones de una cadena que comenzó a formarse hace cientos de años, cuando el hombre tomó conciencia de la muerte y necesitó plasmar sus sentimientos y se sintió, así, creador.
La poesía es un hecho continuo, sin pausas; una prolongación permanente.
Hay muchos caminos. Son muchos los que conducen al lugar donde se halla el árbol milenario. Los poetas admiran la impasibilidad del árbol y asisten a su movimiento. Los poetas indagan, se adentran en las entrañas del árbol; lo observan y lo analizan.
El poeta deja constancia de la existencia del árbol y de la suya propia. No basta con contemplarlo o acogerse a su sombra en los calurosos días de verano. Es necesaria la complicidad entre el hombre y el árbol.





Poemas


La espada del Arcángel

Para “Figuras bíblicas” de Pepe Aledo

  
Algunos esperaban que no despertase de su letargo
el dragón rojo de siete cabezas y, si lo hacía,
que su atrevida cornamenta quedase clavada en el abismo.
¿Es cierto que pudiste arrastrar tantas estrellas?
¿Tan poderosa era tu cola de brillantes escamas?
Estuviste al acecho, en las entrañas del aire.
Ansiabas raptar a la mujer fecundada
para devorar al hijo que no te pertenecía.
Luchaste a muerte contra el Príncipe de la Luz,
el que en una sola noche y con una mano
aniquiló a miles de hombres invocando la sombra.
Al que descendió del cielo con una larga cadena
para esclavizarte y condenarte al destierro.

Oh San Miguel, arcángel de las cohortes celestiales,
siempre con la espada desenvainada,
dispuesta para el duro combate.
Querías la gloria a cambio de eliminar a Satanás
el deslenguado, el lascivo, el lujurioso.
Dicen que lo derrotaste, que lo arrojaste a la tierra.
¿Somos acaso sus descendientes?

Oh San Miguel, ángel supremo.
Eres tú más seductor portando tu espada desnuda
bajo ese rostro bondadoso que cien dragones
pavoneándose con sus cabezas rojas y cornudas.
El fuego de tu pasión dejó a Satán y a sus hijos
sumidos en un inevitable desconcierto.

Publicado en el nº 2 de la revista “Lunas de papel”






Monólogo de una mujer

A todas las mujeres que sufren malos tratos
y a la memoria de Constantino Romero.
Con su maestría recitó este poema
una tarde, en Pinoso.

Yo elegí estar aquí, no elegí la soledad, pero
Iba implícita, y estar es todo lo que me queda.
                                                    Ana Becciu
                                                           

Me he quedado sola.
Las estrellas se aletargan
en esta noche invernal
donde habita el desamparo,
donde la tristeza alcanza
las cumbres más sombrías.
Nadie me consuela.
Así que me he unido a la noche,
la que no tiene límites.
Tras mi ventana asoma la luna
que reverbera en máxima plenitud.
Derrama su blanco perfume
por el ángulo donde me hallo.
Es el vientre redondo y firme
de la mujer fecundada.
……..
Me he quedado sola, sí.
Pero no me vence el sueño
con su ramaje entramado
ni el golpe de la intemperie
que penetra por las rendijas.
Tengo las entrañas encharcadas
de tanta lluvia vertida.
En la humedad de mis ojos
se refleja el cansancio
de quien lo ha perdido todo.
Yo me asomo a contemplar
la nieve esparcida en el suelo,
pero no me atrevo a pisar
la alfombra mullida y quejumbrosa.
Yo me asomo, sí, a veces.
……..



Los almendros floridos y quietos
me recuerdan el tamaño de su fruto
que un día llegará.
Yo quedo sumergida en su cáscara
como la lluvia contenida en el charco.
Callada, inútil, paralizada.
Todo esto me digo.
No confío en mí.
Las plantas son frágiles.
Muchos hombres lo proclaman.
Me tomaste de la mano;
tu ofrenda era adentrarnos
en la inmensidad imperecedera,
pero sólo fueron vibraciones
de un sueño imperfecto.
……..
Ya se enderezan los primeros brotes
del amanecer.
El alba blanquea
la oscuridad de mi insomnio.
En la quietud de la piedra
se comprime el silencio.
Yo permanezco recostada
abrazando a un niño inexistente.
Quiero acontecer mientras observo,
descubrirme de nuevo ante el espejo
y horadar mi cuerpo, asistir al alma
que ha quedado muda.
Me he quedado sola, sí,
con el vientre vacío
y un manojo de palabras.

Principio y fin de la soledad

3 comentarios:

christina jones dijo...

Me ha gustado tu introducción y tus dos poemas:"la espada del arcángel" tiene mucha fuerza y el monólogo de una mujer, es de una terrible belleza.
Me ha emocionado.
Enhorabuena.

Ada soriano lidon dijo...

Muchas gracias por el comentario. Un beso.

Engracia Sigüenza dijo...

Me encantan los poemas. Y la metáfora del árbol, en la reflexión sobre la poesía, me parece brillante. Felicidades.