martes, 15 de octubre de 2013

FERNANDO LÓPEZ GUISADO



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Bio-bibliografía

Agitador cultural que combina escritura y crítica con la Imagen para el Diagnóstico. Ha publicado los siguientes poemarios: Aromas de Soledad, El Altar de los Siglos, Porque nunca fue suyo [Alacena Roja, digital]. Del más reciente, La Letra Perdida (Vitruvio, 2012), se realizó un reportaje en El Mundo. Aparece en las antologías: Los jueves literarios de la casa del libro, Memoria y euforia, Una mirada escrita, Ilusionaria 3, Historias del Dragón y 2099-b. Organiza, junto a los escritores Elena Muñoz y José Guadalajara, el Ciclo Café Literario de Rivas. Colabora con diversos medios. Conduce la bitácora Buenas noches Nueva Orleans. Es director académico de la Academia y Agencia Literaria Letras Vivas. Durante las noches de invierno, brilla por la radiación acumulada.


Poética

Todo es canto: ritmo y tripas. La captura de lo invisible. Hay otro mundo, que pasa inadvertido la mayor parte del tiempo y, por lo general, para la mayor parte de la gente; descubro, de pronto, destellos de ese mundo invisible, e intento capturarlos, que perduren. Poesía lo es todo: conocimiento, vibración, la caja de resonancia del universo, el beso del Demiurgo. También comunicación y mi forma de expresión, mi coche (quiero mucho a mi coche, lo necesito, no podría desplazarme sin él). 



Poemas


Bajo los tilos

Bajo los tilos
lo supe.

Aunque sucediera el hielo
y enmudecieran las estaciones.
En esa avenida de mi alma
el cielo siempre será un aplauso de hojas
con nuestras manos juntas, como besándose,
temiendo quizá perder un sueño
si aflojan ese abrazo inadvertido.

Eso es el poema:
preservado momento;
siempre rebrotando
incombustible,
aguardándote.
Reconstruyéndose en cada futuro.
Deconstruyéndose en cada sonido.

Como ambos entonces, en aquel junio
sincero, fresco, paseando en silencio,
cogidos de la mano,
bajo los tilos.
-Pertenece a La letra perdida (2012, Ed. Vitruvio).


Despertador

Entre los precipicios de la madrugada
hay momentos en los que el mundo deja de existir.
Todo parece detenerse.
Son recuerdos fugaces de un eco más anciano que el universo.
Sufro la maldición de tomar conciencia en esos instantes.
Me mantengo inmóvil, haciéndome el dormido
para que la oscuridad no me devore.
Finjo que no escucho susurrar a sus sirvientes por el cuarto
bajo los latidos de mi propio corazón. Intento
apaciguar esa campana que galopa acelerando en mi cerebro,
que pide huir,
que pide a gritos huir igual que verdad entre olas.
Pero no hay profundidad donde esconderse de uno mismo.
Acabo devorado
y devorándome como esas pescadillas
de ojos lechosos en su cama de hielo.
Desnudo sobre un mostrador bajo la luz de los fluorescentes:
teatro de ansia y hambre.
El hedor a muerte se mezcla
con el perfume de las compradoras
mientras el crepitar de billetes
baila con el de las espinas bajo el cuchillo.
Risas, bolsas granates de plástico que destiñen y crepitan,
chorrear de fluidos pardos pudriéndose entre las baldosas
y yo mordiéndome el culo con cara de pez
y formando un cero de sangre brillante.
Un enorme cero rojo parpadeando a la izquierda
de las siete de la madrugada.
Segundos antes de astillarse el silencio,
cuando todo parece detenerse.
-Pertenece a La letra perdida (2012, Ed. Vitruvio).


Denn die toten reiten schnell

Los mares se habían secado.
Vagábamos, en el mismo coche de ahora,
por viejas carreteras de asfalto roto
llamando a todas las puertas y casas vacías.
Buscabas algo. No recuerdo qué;
pero resultaba tan importante
como el agua o el futuro.
Paramos en un cruce. Estabas cansada
pero deseaba besarte, jugar
con la punta de la lengua a reírnos.
No entendías cómo aún seguía siendo joven
cuando el resto de las cosas estaban muertas.
Dije: —Sólo es así en el espejo retrovisor.
»Sólo en tus ojos y en el espejo retrovisor.
Nos abrazamos en el asiento de atrás.
Lloraste y bebimos tus lágrimas.
Encontramos algo importante.
Aún no sabíamos el qué.
-Poema inédito.


2 comentarios:

Regina Camps dijo...

Gracias por compartir y difundir poesía!

ABEL SANTOS dijo...

Me alegra verte por aquí Fernando, compañero de armas.

Un abrazo