miércoles, 26 de marzo de 2014

JOSÉ GARCÍA OBRERO



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Bio-bibliografía

José García Obrero (Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 1973).
Codirigió las revistas culturales PDA-Perfil del Aire y Girándula y emprendió junto a Óscar Sotillos, el proyecto visual El Píxel en el Ojo, cuyas acciones han podido verse en la Filmoteca de Andalucía o Cosmopoética.
Como autor individual ha participado en el Ciclo de Poesía Efímera Otoñeces.y en el IV Encuentro de Poesía Visual.
Sus poemas figuran en varias publicaciones (Agua para chocolate, Guaita!o Ciudades Esqueleto) así como en la antología Poesía en Santa Coloma de Gramenet (Paralelo Sur Ediciones, 2012). 
Ha participado como poeta invitado en la 10ª edición de Cosmopoética (2013)
En la actualidad forma parte del equipo de redacción de la revista de poesía contemporánea en lenguas peninsulares Caravansari y colabora como asesor literario en la Editorial Proscritos
Tiene publicados los poemarios Un dios enfrente (Ed. La Garúa, 2013) y Mi corazón no es alimento (Ediciones En Huida, 2014).



Poemas


El poeta-músico vociferó al auditorio
que la música era lo único vivo en la poesía,
y desapareció rompiendo una orquídea,
secando un lago, degollando a los bueyes
que araban el sembrado de las tierras cercanas.
Yo busqué desde entonces
su paisaje perdido;
lo encontré en un camino
camuflado a la izquierda
tras un corto mareo de droga desbocada.
Un camino de baches tan profundos
que las sienes redoblaban el pálpito de la idea.
Estaba ahí, un día apareció revelándose
despacio como el sonido de los bares al amanecer.
Era el papel de gelatina de plata que atrapa la luz:
una mujer, un amor, una fe: esta certeza.
Ahora la niebla no eleva hasta mi boca
sus sacos de  algodón bloqueando compuertas;
navega suavemente sobre la tierra fresca
reforzando el camino que se rompe y bifurca,
pero que ya no quiere dejar de ser paisaje.

(Inédito)



Raíz

Algo nace quebrado.

Lo indica esa montaña cubierta de edificios.
Ni un solo palmo de tierra limpia para la siembra.
Un descampado, a veces, interrumpe el paisaje
vertical de ventanas.
Un descampado es una tierra podrida;
ningún loco pretende ahondar bajo sus piedras
y enterrar la semilla de la fruta del miedo.
Aquí se invierte el mundo:
él cosecha entre hombres, agujas y cristales,
protege de miradas a los cuerpos urgentes.
A veces un cuchillo amenaza los juegos
de los niños que ignoran el temblor
de las venas cansadas de estar rotas.
Y algo nace quebrado si no hay tierra
tan limpia que podría morderse.
Se arrojan las semillas, sin mirar, a la acera,
esperando que el viento las proteja en su marcha.

La respuesta es el tronco que crece sin raíces.

De Un dios enfrente. Ed. La Garúa, 2013




Plaza de Abades un día de julio

Este cielo traza la copa de una palmera
que termina fundida en la calzada.

Llamea este cielo azul metálico.

Irrumpe el ruido de un falso chaparrón:
bolsas de plástico rozando el pavimento.

Esas rejas son la sombra del balcón
en la fachada blanca de la esquina.
Llamea la fachada, espejo solar.

La cabeza del hombre que se cruza:
caja vacía para la mudanza.

Todo este blanco despidiendo calor…

Mirar este cielo es darse un chapuzón
en los orígenes.


De Mi corazón no es alimento. Ediciones En Huida, 2014

1 comentario:

jordim dijo...

Pues bonitos textos.